¡Hazlo Pronto! Esto Hará Que Te Ame, Valore, Respete Y Tenga Miedo A Perderte ¡Instantáneamente!

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A veces conoces o estás con alguien que de verdad te gusta y te importa, que te ilusiona, te emociona, te vuela la cabeza y te hace casi temblar por ella.

Y quieres que te valore, que te piense, que te respete, que te ame, que te dé importancia, que todo vaya perfecto, que nada mueva ni un poco eso tan excitante y feliz que está pasándote ahora.

Eso es bueno, lo malo es que hay múltiples, distintas formas de hacer lo incorrecto, aun con buenos deseos. Hay muchas formas de dañar una relación, aun con buenas intenciones. Hay cosas que parece que tienen sentido, que parecen lógicas, y que son terribles ideas.

También hay lo contrario, ideas contra-intuitivas que no vas a querer, ni planteártelas ni escucharlas siquiera, pero que en cambio, sí son cimientos sólidos para construir una relación  feliz, sana, como la que te gustaría, y de una de esasz ideas difíciles hablaremos hoy.

Hay un curso que doy que se llama “Enamora Su Mente”, y estoy seguro de los que asisten se sorprenden nada más escuchar el comienzo, el paso cero, es decir, aquello que es importante hacer antes que cualquier cosa, antes siquiera de conocer a esa persona, ¿listo?

Si en realidad aspiras a que a esa persona le importes, a que te valore, te cuide, te piense, si en realidad quieres que la relación funcione, si de verdad quieres intentarlo, si quieres hacerlo bien, si, todo, vas a hacer esto, ¿listo?

Acepta la posibilidad de perderla. Repito, acepta-la-posibilidad-de-perderla.

¡Qué carajo estoy diciendo!, ¿no?, ¿perderla?, ¿de qué estoy hablando?, ¿cómo carajo vas a hacer que te valore, te respete, te ame, si yo te estoy hablando de perderla?

Es exacto eso, el paso cero es elegir, en qué modo vas a funcionar, cómo te vas a comportar, cómo vas a abordar lo que pase.

Antes de decirte por qué es efectivo, hablemos de por qué lo contrario no lo es, de qué pasa cuando dentro de tu cabeza simplemente no concibes la sola posibilidad de perder a una persona.

De, qué pasa cuando una persona nos gusta, nos puede, y nos mueve tanto, tanto, que se vuelve casi una debilidad para nosotros.

Pues eso, una debilidad, una que hace que tus actos los domine el miedo de perder a alguien, y cuando tienes miedo, funcionas en modo “sin amor propio”.

Estás dispuesto a tolerar lo que no se tolera, a aceptar lo que nunca se acepta, a hacer lo que no se hace por nadie, a darlo todo, todo, hasta más de lo que debes, de lo que puedes, hasta lo que no tienes.

Lo haces porque esa persona te importa, te encanta, lo haces para que nada interrumpa la “perfección” de lo que estás viviendo, para que nada te haga bajar de las nubes.

Si esa persona se pasara un poco, si hiciera algo, un poco, de lo que no va, un comienzo de algo que no te gusta, aguantarías, te lamentarías en silencio porque no tendrías el valor de decir “hacia allá no quiero ir”, callarías, intentarías creerte que no pasa nada.

Si esa persona empezara a dar menos de sí, a ausentarse, a desinteresarse, muy probablemente tú empezarías a dar más, a llenar los huecos, a poner lo que falta…

Pensarías que “por él, por ella, por la relación”… y, si tú puedes hacerlo… pues “¿qué más da si vale la pena?”, y callarías, e intentarías creerte que no pasa nada.

Pero, ¿pasa?, ¿algo pasa?, cuando a una persona empiezas a esbozarle la simple idea de que lo podrías todo, menos perderla, de que quizás no podrías ser feliz sin ella, vivir sin ella, de que podrías aceptar tantas cosas, siempre y cuando no fuera perderla, cuando todo esto, ¿algo pasa?

A veces sentimos algo tan fuerte y grande por alguien, que queremos que nada cambie, que nada se mueva, que se detenga el tiempo en ese hermoso lugar con la persona perfecta.

Y quieres tanto eso y a esa persona, quieres tanto que nada cambie, que si empezara a pasar, si empezara a cambiar, callarías.

¿Levantó un poquito la voz, por primera vez?, bueno, no pasa nada. ¿Canceló de última hora, por segunda vez?, bueno, no pasa nada. ¿Le dio menos valor del que vale a tu tiempo, tu atención, tu dedicación, por tercera vez?, bueno, no pasa nada.

¿Cuándo hubo que alimentar esa relación, estabas tú en primera fila, y esa persona, no estaba, por cuarta vez?, bueno, no pasa nada.

¡Carajo!, cuando pasa esto, así sea poquito, así sea sólo por primera, segunda y tercera vez… ¿no te das cuenta que justo porque no querías que pasara, está pasando lo que no querías?

Está pasando, y no sólo lo estás permitiendo, estás siendo parte, entraste al juego en el que no gana nadie.

Tú creías que estabas cuidando la relación, cuando, en realidad, estabas dejando que se contaminara, que se intoxicara, que entraran intrusos.

Intrusos llamémosle a cuando dejas pasar y sacar su equipaje, e instalarse y empezar a vivir ahí, a una mentira, y sus primos, a un mal gesto, y sus amigos, a un mal trato y sus pares.

A callar cuando no debes, a conceder cuando no quieres, a perdonar cuando no lo sientes, a confiar cuando ya no confías, a que les vinculen a ambos necesidades insatisfechas y no genuinos sentimientos de amor.

Tú creías que estabas cuidando a esa persona y a la relación, cuando, en realidad, la sentenciabas a desaparecer abriéndoles la puerta a sus verdugos.

Querías que te valoraran y cuidaran a ti, pero no valoraste y cuidaste la relación. Permitiste intrusos, contaminación, deterioro, y haciéndolo, hiciste nada por ella.

Permitiste una víctima o roles injustos en la relación, y así hayas sido tú la víctima o no, lo dejaste pasar deñando la relación.

A todo esto le abre las puertas la incapacidad de aceptar la simple idea de perder a una persona. Esto pasa cuando no concibes que puedes tener una vida auténticamente plena y feliz así se vaya de tu vida quien se tenga que ir.

Ok, ¿y de qué abre las puertas sí aceptar la posibilidad de perder a alguien?, pues, sólo para empezar, a tener el valor, la honestidad, la seguridad y la convicción como para decir esto:

Si tú, mi pareja, te pasaras de lista, prefiero perderte. Si traicionaras mi confianza, si fueras capaz de tratarme al menos un poco mal, prefiero perderte.

Si en esto que tenemos, caben peleas, angustia, inestabilidad, si de una u otra forma nos hacemos daño o estamos dispuestos a hacerlo, prefiero perderte.

Si no alimentas esta relación conmigo, sí creí que caminarías y construirías conmigo pero estoy yendo solo y no juntos, prefiero perderte.

Si tuviera que perderme a mí para estar a tu lado, prefiero perderte, y te perdería cien veces aunque duela las cien, antes que a mí una sola vez.

¿Sabes qué se necesitan, entre otras, además de convicciones, huevos y ovarios, para ser capaz de decir “prefiero perderte”, y que no sean ni drama ni blof a ver qué hace la otra persona?

Se necesitan desapego, dignidad, amor propio, respeto por ti mismo. Se necesita decidir que a donde vayas, vas con ellas, y si no, no vas.

Se necesita encargarte de tu propia realización personal para no tener que dejarla en las manos de nadie.

Se necesita saber ser independiente, autosuficiente, feliz, por cuenta propia, para que nadie tenga tal poder sobre ti que se convierta en debilidad.

Se necesita tenerte en alta valoración para que nunca siquiera pudieras coquetear con flaquear y aceptar menos de lo que vales y mereces.

Si empiezas con el paso cero, aceptando la posibilidad de perder a quien sea, hay lugar para la frente en alto, para la dignidad, la integridad, el amor propio. Y si no, inicias solo, abandonado, en desventaja, actuando desde el miedo, y me atrevería a decir que derrotado.

Eso sí, derrotado con buenas intenciones, pero una relación no se construye de buenas intenciones. De buenas intenciones está lleno el cementerio de las relaciones. Es porque las buenas intenciones no bastan.

Una relación se cuida cuando se tiene la auténtica convicción de decir “hacia allá, no voy, ni por ti, ni por nadie, porque yo soy mejor que eso y porque somos mejores que eso”.

Una relación se construye cuando activamente se lidera, cuando se corrige su rumbo, cuando se le guía con inteligencia, cuando los intrusos, y son tantos, no son bienvenidos.

Si te interesa más sobre el tema, y dimensionas el impacto que tiene andar a ciegas, contra saber todo esto, checa “Enamora Su Mente” en mi página, ahí son 8 horas hablando del tema.

Por último, sólo recuerda, la incapacidad de aceptar la idea de perder a una persona, y la capacidad de hacer que esa persona genuina, auténtica, legítimamente, te valore, respete, te ame y te cuide, no combinan, así que tendrás que elegir entre una u otra.

Yo prefiero la segunda, y por eso repito lo que he dicho antes: A algunas personas deberás perder en el camino a ganarte a ti mismo, y la vida cambia cuando te ganas a ti. ¡Arre!

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