Cómo Salir De La Depresión Aunque No Quieras Ni Creas Que Es Posible

Cuando estás deprimido o demasiado triste, todo es sombrío, diferente. Salir adelante, perseverar, ser objetivo, entender el sentido o la razón para seguir… Todo es terriblemente distinto.

No hay motivación, no se puede ser optimista, no te concentras, no aprendes, no emprendes, no sientes energía, no quieres cambiar. Hasta pararte de la cama a sobrevivir un día más, parece difícil, y esto no va a cambiar si no cambias tú esa inercia.

Pero, ese es el acertijo… ¿Cómo vas a cambiar si no tienes ganas de cambiar, si no tienes ganas de nada, si no crees en nada, si todo parece difícil, si todo te hace sentir más miedo?

Pues te prometo que aun sin motivación, aun sin ganas, aun sin creer, aun cuando parezca difícil, aun cuando dé miedo, cambiarás, lo harás, y te diré cómo.

Si estás deprimido, o muy triste, si no hay esperanza, si no crees en nada, entonces, todo da igual… El día, los días, aunque sean grises o del color que sean, pasarán, como siempre pasan, estás deprimido, da igual lo que hagas… ¿cierto?

Ese es el truco, que da igual, y si da igual, si de todas formas será gris y no vas a disfrutarlo, harás lo que digo. No tienes nada que ganar, pero tampoco tienes nada que perder.

Pero, ¿por qué cambiarías si no hay razones ni motivación para ello?, porque, te diré algo que si estás deprimido, no entenderás, pero no es necesario que lo entiendas todavía.

Ahora mismo, en este momento, y en lo que han sido estas últimas semanas o meses con depresión, has tenido la visión nublada, has tenido mil oportunidades para cambiar esta mala situación, pero las has ignorado todas.

Ahora mismo, no ves bien, tu mente está poniéndole un filtro gris a todo, tu memoria está siendo desafortunadamente selectiva. Literal, estás percibiendo una realidad gris, oscura y terriblemente negativa, que no existe, no como te la cuentas.

Si tu depresión es fuerte, puedes pensar que todo es gris, que no hay un amor, un objetivo, un deseo, un algo que te inspire, que te motive.

Puedes creer que no hay razones para luchar, para amar, para ambicionar, para desear la vida… y eso es muy fuerte. Es terrible escuchar a alguien que amas decir que no desea vivir, y es mucho peor para la persona que lo dice.

Bien. Si así te sientes, podrías jurar que todo se ve deprimente, y yo no voy a contradecirte, te daré la razón. Sí, así es, todo es así, todo se ve así… desde dentro de esa cueva.

Jurarías que no existe una mínima luz que ilumine nada ahí dentro, que te dé esperanza o te haga sonreír, y sí, te daré la razón, así se ve desde dentro de una cueva.

Pero, ¿hay solución? Sí, una que no quieres, pero que vas a aceptar porque ya quedamos que da igual, no tienes nada que ganar, entre muchas comillas, pero tampoco tienes nada que perder.

Elegirás el camino que te digo porque da igual, y porque si no ganas, tampoco pierdes.

Vas a rascar un poquito dentro de esa cueva, como si existiera una pared delgada que te saca al exterior. Quizás no exista, pero no importa, sólo da igual intentarlo o no.

En sentido literal significa que harás algunos cambios, no porque esperes nada, sino porque da igual.

Vas a apuntarte al gimnasio, romperás un poco la rutina, irás a esa reunión a la que no querías, te abrirás a nuevas personas, considerarás vivir en otro sitio o arriesgarte a un nuevo trabajo, lo que se te ocurra…

Vas a darle una nueva oportunidad a la vida, sin miedo, porque, el miedo no tiene sentido ahora. Pero, atento, estoy diciendo que da igual, ¿cierto?, bueno, hazlo sin expectativas de nada, no esperes nada, nada.

Hazlo si quieres con la seguridad de que todo va a estar igual de jodido que siempre, tanto, que da lo mismo hacerlo o no, pero, por eso lo harás, porque da igual.

No necesitas creerme pero esto es lo que va a pasar: Empezarás a ver pequeños, diminutos destellos de algo… distinto. Quizás un gesto, una oportunidad, una sonrisa, quizás una palabra con sentido, un sueño, una etapa nueva, quizás un algo… diferente.

Haz lo que te digo, muévete por donde digo, y repito por enésima vez, no lo hagas porque crees en mí, hazlo porque da igual, y porque no tienes nada que perder, no tienes nada de qué decepcionarte.

Sigue rascando las paredes de esa cueva… Come un poco diferente, duerme ligeramente mejor, cuídate un poquito más, toma una ruta distinta, párate más temprano…

Cambia alguno que otro hábito, haz limpieza en tu casa o arregla tu cuarto, haz una llamada, invita a salir a alguien, acepta una salida, inscríbete a algo, convive poquito menos con personas negativas…

Lo sé, perdona, pero, repetiré otra vez… No esperes ni un carajo, no lo hagas porque crees en mí, no lo hagas por expectativas, hazlo porque da igual.

Lo que antes eran pequeños destellos de algo diferente, de repente serán haces de luz, de repente algún agujero del cual asomarte. Si te asomas un poco, podrás ver que ahí afuera de la cueva, en lo poquito que alcanzas a ver, la gente, las opciones, el espacio, el panorama, son inmensos, infinitos, como siempre han sido.

Pero… No me creas, no lo hagas por eso, no esperes que pase lo que digo, no esperes nada, hazlo porque da igual.

Ahora, ¿por qué te pido insistentemente que no esperes nada?, porque sería pedirte que le encuentres sentido a algo, cuando justamente, estar deprimido, es no encontrarle sentido a nada, que todo dé igual.

Dime si no. Las personas, las que te quieren, a las que les importas, los amigos, tú mismo, ya te has o te han repetido palabras de ánimo, de aliento, de motivación, pero no funcionan en ti cuando estás deprimido porque para ti no tienen sentido.

Y te diré por qué no lo tienen, grábatelo, porque no es lo mismo pensar palabras, saber cómo se escriben, cómo suenan, o qué se supone que deberían significar, que sentirlas.

Esperanza, amor, pasión, gratitud, entrega, ilusión, coraje… Nunca van a significar nada si sólo las escuchas pronunciarse, si sólo piensas palabras.

Ahora mismo eres inmune a las palabras, pensar palabras no te provoca nada, nada, no tienen sentido. Entonces, no. No tienes que encontrarles sentido.

Lo que tienes que hacer es ponerte en el lugar en donde las sensaciones a las que se refieren esas palabras, te rocen y golpeen accidentalmente y empieces a sentirlas.

¿Tú sabrías cómo se siente correr 15 kilómetros en una hora? No. Puedes imaginarlo, puedes intentar describirlo, pero a menos que lo hagas, no sabes.

¿Quieres saberlo? ¿Sentirlo desde todos lados, con todos los sentidos que posee tu cuerpo? Hazlo, y aun así quizás no puedas describirlo con palabras.

¿Se entiende? No quiero que estés de acuerdo conmigo, no quiero que trates de darle sentido a mis palabras porque puede que no tengamos ese recurso ahora.

Por eso no espero convencerte, no quiero que tú esperes nada, no quiero que creas en mí, no quiero que tengas expectativas.

Sólo harás lo que digo, rascarás todos los días en las paredes de esa cueva, harás las cosas de forma distinta, y lo harás un día, y otro, y una semana, y otra.

Lo harás porque da igual, porque no tienes nada que perder, y cuando empieces a ver los destellos de algo distinto y descubras que sí tenías mucho qué ganar, ven y escríbelo, te juro que me hará feliz leerte. ¡Arre!

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