¿Por Qué Nos Enamoramos De La Persona Equivocada, De Alguien Que No Debemos O Que No Nos Corresponde?

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¿Por qué siempre te enamoras de la persona equivocada, de quien no te quiere o de quien incluso te maltrata o te desprecia?, y cuando pasa, ¿por qué lo soportas?, ¿son ellos los que están mal, o eres tú?

¿Te lo has preguntado antes, frecuentemente, siempre? Bueno, apurémonos. Quien tiene un proceso equivocado de enamoramiento que le lleva siempre a caer en el mismo agujero, eres tú.

Si eligieras bien, no te enamorarías de alguien equivocado, de verdad, no lo harías. No te enamorarías sin tener pruebas contundentes, sólidas, indiscutibles de que esa persona tiene las cualidades que crees que tiene.

¿Estás listo para escuchar tu diagnóstico y tu tratamiento?, porque va a doler. Va a ser como decirte que estás enfermo, y ya lo estabas, pero no lo sabías. Saberlo, duele.

Tú, y todos, tienen la necesidad genuina, natural, irrenunciable, de estima, de realización, de bienestar, de valía, de reconocimiento… En fin, sensaciones positivas, felicidad.

Todo esto, es tu responsabilidad, es tu tarea. De 10 personas, 1 o 2 se hacen responsables de su felicidad, las otras ni madres, y pretextos sobran: No tengo tiempo, no tengo dinero, no puedo, no sé cómo… blah blah blah.

Ahora. Sucede que si no te encargas tú de tu felicidad, ésta empieza a hacerte falta.

Tu barrita de satisfacción, de afecto, de autoestima, de alegría, se cae, y llegas a un estado vulnerable de alta necesidad y abandono. Necesitarte pero no atenderte, es abandono.

Tu mente lo sabe y demandará y suplicará que satisfagas esas necesidades emocionales, pero si no lo haces, habrá inestabilidad, fragilidad, vulnerabilidad, necesidad, urgencia.

Dicho en otras palabras: Necesitas amor cabrón, necesitas atención, necesitas hacer cosas que te hagan sentir chingón, necesitas tener evidencia de que vales.

¿Vamos bien? Ok. Cuando eres enamoradizo, cuando te ilusionas fácilmente, cuando crees necesitar de otra persona para ser feliz, cuando le tienes miedo a la soledad… Son todos, síntomas de cuántos chingos te necesitas, a ti, no a los demás, a ti.

Pero tu mente es lista, ya entendió que contigo no cuenta y buscará alternativas, como… ¿y si otra persona ve por ti y te hace feliz?, ¿y si encontraras a alguien que te ame tanto como tú no te amas y te dé lo mucho que tú necesitas?

¡Oh, qué genial idea! Sólo necesitas encontrar a alguien te que ame mucho y te haga feliz, que te rescate del abandono en el que te encuentras y satisfaga tus necesidad emocionales.

¡Qué maravillosa idea! ¡Y así ya no tienes que trabajar tú por ello! Sólo hay una cosa mal: Que cuando buscas quién te haga feliz, renuncias a tu poder de conquistar por ti mismo esa felicidad.

Ahora ya no eres un hombre o mujer con poder, ahora eres un mendigo, sólo que tú no estiras la mano para que te obsequien una moneda, tú mendigas amor.

Claro. Tú sabes que para pedir hay que ofrecer, dar amor para recibir amor, dar atención para recibirla, preocuparte por alguien para que se preocupe por ti.

Suena lógico, tiene sentido, pero… ¿Qué amor puedes ofrecer si no lo tienes, y si ya vimos que necesitar de alguien no es amarle?, ¿qué atención puedes dar, ofrecer, si no te atiendes ni a ti?

Tú ofreces algo que confundes con amor pero no lo es, ofreces complacencia, incondicionalidad, servilismo, así, como suena. Todo por ser la mejor opción pero terminar siendo sólo la opción más cómoda.

Según esa lógica, si tú lo das todo, te lo van a dar todo, o te lo deben dar todo, pero esa reciprocidad sólo puede darse entre personas que se consideren valiosas la una a la otra.

O sea… El chico que “amas” pero te maltrata, te ignora, te desprecia, te humilla o te engaña y tu toleras y perdonas porque quieres que él note lo buena que eres… pero, cuando tú toleras que te traten como poca cosa, te vuelves poca cosa.

O, esa chica que prefirió a uno y otro y otro antes de ti mientras tú esperabas, pero tú eres su amigo y ella un día verá que has sido incondicional y entonces te amará y serán felices.

Esto es fuerte: Si eres incondicional es que no tienes otras opciones, y eso te vuelve poca cosa, a sus ojos. Creías que tu incondicionalidad jugaba a tu favor pero siempre ha jugado en contra tuya. Te diría “tonto”, pero no es necesario.

La reciprocidad que tanto buscas sólo se da entre personas que se consideran valiosas la una a la otra. Quizás tú ya le consideras valiosa a esa persona, e insistes en demostrárselo, pero, y ella a ti, ¿no está faltando eso?…

Ah, pero que tú estás mendigando amor porque tomaste la bendita decisión de renunciar a hacerte feliz. ¡Muy listo muchacho!

¡Ya, fuera sarcasmo! Si te abandonas, idealizarás a las personas porque querrás encontrar en ellas quién te haga feliz.

Conocerás a alguien y apenas empiece a gustarte, le ajustarás las cualidades que crees que debe tener para hacerte feliz, cualidades que quizás no tiene, que tú le quisiste poner para darle el poder que quieres que tenga de hacerte feliz.

Idealizar a las personas, idealizar las relaciones, idealizar lo que podría suceder mucho antes de que suceda o que haya indicios de que va a suceder… No va a funcionar.

Te va a decepcionar, te va a fallar, te vas a preguntar “¿qué falló?”, y si el error no es algo atípico sino un patrón, un diagnóstico, te volverá a pasar, sólo que cada vez, un poquito, peor.

Pregunta seria: ¿Cómo vas a salir de esa trampa y hacer que las cosas pasen distinto si estás dispuesto a cambiar de personas pero no a cambiar tú? Es una apuesta que nunca vas a ganar.

¿Quién es el responsable aquí?, tú, ¿quién idealiza?, tú, y es probable que sea lo último que deseas pero, ¿quién se llevó a ese estado de abandono y necesidad?, fuiste tú.

Sea por flojera, por miedo, por mediocridad, por sentirte atrapado o atrapada, sea por lo que sea, tu eres ek responsable de abandonarte.

Abandono, deterioro, desesperanza, desconfianza, frustración, desilusión crónicas… No es que te pasen porque tu Dios te abandona, te pasan porque tú te abandonas.

¿El amor es malo?, ¿los hombres son malos?, ¿las mujeres son malas?, ¿el amor es cruel con las personas malas? Si alguna vez te haces cualquiera de esas preguntas, estás perdido, muy perdido.

Cualquier respuesta que encuentres a esas preguntas, no aclara las cosas, las nubla, te obliga a hacerte preguntas estúpidas y a encontrar problemas donde no los hay.

El único problema son esos perros cables cruzados en tu cabeza que toleran que te abandones, que adoptes malos hábitos, que rompas buenos hábitos.

¿Sabes por qué esto siendo tan claro es difícil que la gente lo vea? Porque les obliga a aceptar que eso que desean no va a venir de otros, que o ven por sí mismos o nadie verá por ellos.

Difícil tarea, difícil decisión, “mejor sigo mendigando amor, idealizando y buscando quién me ame así como soy con todos mis defectos y me haga feliz porque me siento inútil, incapaz de hacerlo por mí mismo”.

Si duele, discúlpame, pero afróntalo, conviértelo en tu punto de quiebre, de no retorno, sé tu solución, no tu problema.

Y sí, si tú eres tu problema, y lo eres, significa que tú eres la solución, y lo eres. Se vale sufrir, pero no se vale sufrir dos veces por la misma cosa si tú la puedes cambiar.

Tratamiento: Invierte tu tiempo y tu energía en el tipo de actividades que aunque difíciles, aumenten tu barrita de bienestar, de autoestima, de felicidad y realización propia.

La energía que desperdicias revolcándote en tus miedos, lamentos, quejas, recuerdos, o qué sé yo, ego, envidia, parálisis, inviértela en ti.

Ejercita ese cuerpo flácido, acaba con esos tóxicos hábitos, sacude esa mente polvorienta, saca de su caja tu ambición y creatividad, invierte energía en acciones que impliquen bienestar.

Cuando tu barrita de amor propio vuelva a niveles óptimos, todo lo que es difícil de entender ahora ya no lo será, estará todo muy claro.

Si te sabes valioso por ti mismo, no necesitas que nadie venga a hacértelo sentir, y cuando alguien aparezca en tu vida, le verás por como es y por lo que es, y no te equivocarás.

Ahora sí, ya no cometerás los errores que cometes ahora, estarás listo para relacionarte con otros de forma equilibrada, recíproca, sana.

¿Estarás con quien no te corresponde?, no, ¿con quien no te valora?, no, ¿con quien no devuelve tu interés y atención, o, con quien se atreve a menospreciarte, a ignorarte, a lastimarte, a rechazarte, a engañarte, a utilizarte?, no.

Ya no serás susceptible de enamorarte de la persona equivocada. No alimentarás ese tipo de relaciones porque ni siquiera iniciarás ese tipo de relaciones.

Bueno. Ya tienes el diagnóstico, el tratamiento, y ahora puedes dejar que tu barrita de bienestar caiga y mendigar a ver quién la llena, o puedes dedicarte a llenarla tú mismo. ¡Arre!

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